Las abejas viven según los principios de mi padre (…) La única diferencia entre la vida de una abeja y la filosofía de vida de mi padre es que entre las abejas solo hay una hembra. Y esa hembra es además brillante, inimitable, superior ,fuerte y soberana. Un día, cuando quiere reproducirse, la abeja reina echa a volar. Abandona la colmena. Se aleja. Allá va. Todos los machos vuelan tras ella. Al principio todo va bien. Hay una nube de abejas en el aire, bella y a la vez, aterradora. Una concentración de zumbidos en movimiento, vista desde lejos, podrías rodearla con las manos, pero de cerca es demasiado grande e incluso peligrosa. La reina vuela delante de todas las abejas durante días. La nube se va menguando, se convierte en una estela , en una línea y después: trazos una par de puntos silenciosos en el cielo. Cada vez caen más machos. Están débiles, agotados. No aguantan el viaje y, por tanto, no son dignos de la hembra. Cuando ya no quedan más que unas pocas abejas la reina detiene su velo. Ahora quedan las abejas más fuertes, las que podrán poseerla por un instante fugaz. Nadie sabe de antemano qué lugar elegirá la reina para reproducirse. Quizás ni ella misma lo sepa, quizá el lugar fue elegido antes incluso de que hubiera algo que elegir. Al final de esta historia ella regresa a casa, a su colmena, volando completamente sola, y al cabo de poco comienza de nuevo. Todo comienza siempre de nuevo.

MAARTJIE WORTEL

Peces de colores y hormigón (editorial Seix Barral)

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